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El último de los puncs

Crónica de la despedida de la peor encarnación del seropositismo armónico: SIDOSIS (2014-2020)

Albert Kadmon, 20-06-2020

La cálida y seca ola que invade en verano nuestra provincia, que nos obliga a convivir durante cuatro meses con el sudor constante, debería encontrar cierta pausa en el interior de una antigua cámara para conservar la fruta. Sin embargo, la presencia de hordas de músicos nerviosos, curiosas amistades y turbios toxicómanos modifica de tal modo el ambiente que parece invitar a la mencionada calor a invocar un nuevo círculo del infierno, tal vez el décimo, para que sus satánicas majestades cloretílicas contemplen ésta despedida.

Decido aportar mi parte a la gigantesca nube de humo de tabaco negro y chocolate, que se mezcla con el intenso olor a humedad, el aroma de las bolsas con restos de basura que podrían esconder un cadáver troceado o los efluvios de la orina de un medieval meadero que hay junto a las cámaras que sirven como local de ensayo a tantas bandas de nuestra esteparia ciudad. Hay rallas que huelen a manzana y lejía sobre un viejo y roñoso tractor, tan lleno de polvo que se podría organizar un ataque bioquímico con todo aquello. Parroken parece mirarnos con escepticismo y profesionalidad mientras da fe de cómo el ambiente se va enrareciendo y condensando en el interior de aquel ruinoso edificio cuyas paredes parece que podrían hacer los coros.

Sidosis en una banda de punk formada en febrero de 2014 por Marina, Mercè, Xutre, Ori y Ximi. Actualmente, la formación está integrada por Ju a la batería, Parroken con la guitarra, Xutre en el bajo y el advenedizo dúo de Ximi y Topo en las voces. Parroken y Topo con experiencia ya en otra legendaria banda local llamada Malgastando Molla, cuyos álbumes han sido recuperados recientemente. Sin embargo, son muchos más los integrantes de la familia Sidosis durante estos seis años, como Scarla o Roger, que aparecen en la cámara para presentar sus respetos a este patológicamente subversivo proyecto.

Mi primera impresión de la banda, hace dos años, fue un intenso malestar provocada por la legión de pegatinas con la palabra punc. Más tarde lo comprendería perfectamente, aquella distorsión no era más que la expresión de su método: la manera Do It Yourself, totalmente casolana, en la que pervirtiendo técnicas musicales lograron tirar hacia adelante un sólido proyecto de punk para nuestra desubicada época y en un panorama cultural que no ofrece ni plataformas ni ningún tipo de renovación.

Por poner un ejemplo, y por dejar constancia histórica, parece ser que su guitarrista ha inventado su propio sistema de notación musical, basado en la suma y resta de cuerdas, sin que por ello deje de sonar furioso, intenso o como el latido de un pogo. Una versión carrinclona de Arnold Schönberg unida a la voluntad del primer punk ansioso por agarrar una instrumento, expropiar técnicas musicales y hacer de aquello una revuelta.

Los nervios y las tensiones, las birras frías, las letras y los riffs, las adicciones y la pena de las despedidas, los estribillos y el recuerdo de los mejores directos, el infernal calor y los locos que aparecen a pedir cerveza, todo ello se condensa en unos segundos cuando Ximi con un grito y Ju con los platos marcan el inicio de una apocalíptica cuenta atrás. Como el despegue del Challenger en 1986, arranca la banda al completo con su temazo Pásalo, dispuestos a quemar hasta consumirse en el último vuelo, dedicada como no a su afecto y armonía seropositiva.

Topo agarra el cable del micrófono como si fuera un héroe que pudiera absorber la electricidad, chilla y se mueve como si tuviera una horda por delante, como si su voz debiera bañar un estadio. Lo da todo en la cuenta atrás, el espectador puede llegar a sospechar que el cantante participa con las canciones en alguna clase de torneo de púgiles revolucionarios y cropófagos. Grita pese al calor extra de los focos como si le pagaran con ello, casi como si su voz pudiera detener un amanecer nuclear, recordándonos a algunos aquello del “móvil, cartera y llaves” que tenemos ya interiorizado, con Ximi retorciéndose sobre sí mismo porqué incluso su columna vertebral pertenece ya al punc.

Pasando por Todos los punkis quieren y Amputación llegan hasta su tema más costumbrista, Hormiguero Vaginal, con todos los fugitivos de la sala ya a la merced de sus ritmos, de ese tic tac de rabia que va descontando. He visto muchos directos y he presenciado los festivales más crostas y pese a ello no he visto jamás uno en el que los cantantes pudieran beber y fumar con esa intensidad mientras vomitaban temas tan rápidos: el überpunc vocifera al mundo frente a su extinción.

El público canturrea con Suicidio Solitario y Ximi arrebata unos instantes para recordar a los integrantes de la familia Sidosis, hasta que Topo vuelve sobre al ritmo para recordarnos que, si tuviera que suicidarse, lo haría matando a un policía. El tic toc del bajo de Xutre alimenta el rugido de la goecia en la también costumbrista Retraso al futuro y Ju suda esclavizando la batería al compás de la apocalíptica cuenta atrás en La del kalimotxo. El último tema, ¡ay el último tema!, en esa última vuelta “sida sida sida” parece que esos hombres no tienen huesos, son electricidad que estalla sobre los instrumentos, disuelven seis años de historia sobre rabiosos chillidos y la pegadiza melodía que sé que quieren estallar en nuestras mentes.

Cuando terminan y hasta la última nota parece haberse desintegrado con el humo de la estancia, algunos parecen no creerse lo que ha sucedido. Como si el planeta hubiera completado la vuelta al Sol en un abrir y cerrar de ojos. Xutre sonríe y Ju incrédulo quiere repetir una vez más. Topo vuelve a moverse lento y Parroken pierde ya todo atisbo de profesionalidad. Vuelan camisetas sudadas y puede apreciarse el efecto del ejercicio en el vaivén de sus pechos. El público esta emocionado por lo que acaba de suceder y yo en silencio persigo a Ximi que anda entre las sombras hasta el exterior del ruinoso edificio que nos albergaba.

Fuera, ya empieza a atardecer y el aire trae el olor a hierba que puede apreciarse en Butsénit. Ximi parece haber vuelto nadando de una isla desierta, se quita la camiseta maldiciendo esto y aquello, se tumba en la carretera y apoya su cabeza y su cresta sobre el asfalto, mientra sobre un rumor de risas contemplo un tractor cargado de fruta venir hacia nosotros por la sinuosa carretera.

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